El acto de comer es un proceso nutritivo que tiene importantes connotaciones como por ejemplo:

  • Satisfacción y placer,
  • Relaciones afectivas y espacio de comunicación familiar y
  • Identificación social, cultural y religiosa.

Estos aspectos, a la larga, configuran el comportamiento alimentario y pueden repercutir en el estado de salud del individuo.

La influencia, principalmente de la familia, y de otras personas como, por ejemplo, monitores y monitoras de comedor, sobre los hábitos alimentarios de nuestros hijos e hijas es trascendental.

Por lo tanto, hay que garantizar que esta ingesta sea segura en cuanto a la higiene y adecuada desde el punto de vista nutricional, sensorial y relacional.

Podemos definir una alimentación saludable como aquella que es suficiente, equilibrada, variada, segura, adaptada al comensal y al entorno, y sensorialmente satisfactoria. Actualmente, la mayoría de entidades y organismos que se dedican a la promoción de la salud a través de la alimentación coinciden en las características globales que deberían tener las pautas alimenticias para fomentar la salud y prevenir trastornos por excesos, déficits y desequilibrios en la dieta. Así, en general, podemos decir que los modelos alimentarios más saludables se caracterizan por un consumo mayoritario de alimentos de origen vegetal como, por ejemplo, las frutas, hortalizas, legumbres, pan, arroz, pasta, frutos secos y aceite de oliva acompañados de pequeñas raciones de pescado, carnes magras, huevos y lácteos, y, para beber, agua.

Aprender unos buenos hábitos alimentarios es, sin duda, uno de los aspectos más importantes de la educación de una persona. Una alimentación equilibrada, combinada con el suficiente ejercicio físico, nos ayuda a tener una buena salud

Pero, ¿qué podemos hacer en casa para enseñar a nuestros hijos e hijas a educar los hábitos alimentarios?

Antes de entrar en el detalle de algunas sugerencias muy concretos y aplicables con cierta facilidad, conviene recordar tres datos importantes que explican nuestra relación con los alimentos:

  1. Los niños no son conscientes de lo que comen hasta que tienen dos años. Hasta entonces, comen por pura necesidad. Es a partir de esta edad cuando empiezan a ser conscientes de lo que comen y pueden mostrar rechazo a algunos alimentos.
  2. Somos descendientes de aquellas tribus nómadas que tenían unos encargados de probar los alimentos nuevos que iban encontrando. El encargado de probar los nuevos alimentos, probaba un pedazo para saber si era apto o no para el resto de la tribu. Antropológicamente, está demostrado que nos ha quedado esta precaución a la hora de probar nuevos alimentos. Entre los 2 años y la pubertad es cuando se manifiestan las neofobias alimentarias, el miedo a probar nuevos alimentos.
  3. Está demostrado que para aceptar nuevos alimentos el ser humano lo debe probar entre 15 y 20 veces. Como sociedad estamos dispuestos a intentarlo una media de tres veces. Por lo tanto, familias, un poco de paciencia.

Ahora sí, os detallamos algunas sugerencias:

Consejos prácticos recomendables durante la comida.

Hacer, como mínimo, una comida al día sentados en la mesa con toda la familia.
Está demostrado que los niños y adolescentes que acostumbran a comer en familia al menos una vez al día entre semana y todas las comidas durante el fin de semana tienen mejores hábitos alimentarios. Aceptan mejor la introducción de nuevos alimentos, utilizan los utensilios de forma correcta, no se levantan de mesa hasta que no terminan, mastican de manera adecuada (no menos de 20 veces cada bocado), etc.

Conseguir que el niño relacione la comida y la alimentación en general con un momento de placer.
¿Conoces mucha gente a la que no guste la paella? Poca o poquísima gente, ¿verdad? Y es curioso, porque no es un plato fácil de introducir para los niños, especialmente porque lleva demasiados ingredientes, y ya sabemos que a los niños no les gusta la mezcla de muchos alimentos en un mismo plato. Así pues, ¿por qué es uno de los platos estrella en nuestra cocina? Muy sencillo, porque hemos convertido un plato de arroz, en gastronomía. ¿Cómo? ¿Recuerdas cuándo y cómo comíamos sartén cuando erais pequeños? Exacto, los domingos con familia y, a menudo, con amigos, en el campo, etc. Hemos relacionado la paella con momentos de placer, hemos asociado desde pequeños comer paella con relación social, con afectos. Es una de las diferencias entre nutrición y gastronomía. Pues se trata de eso.

Facilitar un tiempo adecuado para comer con tranquilidad.
Se recomienda que no sea inferior a 30 minutos ni supere el tiempo razonable para disfrutar de la comida.

Permitir que los niños repitan el primer plato y de las frutas frescas.
Si un niño se queda con hambre al terminar la comida es preferible que repita el primer plato o de los postres, cuando éstos son a base de frutas frescas.Es mejor servir  poca cantidad de comida y dar la opción de repetir. Esta es también una buena estrategia para reducir el desperdicio alimentario.

Coordinación entre familia y escuela.
Si un niño no quiere comer de forma habitual uno o más alimentos en la escuela, es conveniente informar a la familia para que, teniendo en cuenta su opinión, se pueda actuar de manera coordinada.

Actitudes y acciones que deberíamos evitar.

Ejercer presión sobre los niños para que coman.
Hay que evitar ejercer presión sobre los niños para que coman, ya que hacerlo puede conducir a una mayor resistencia a comer, crear aversiones a ciertos alimentos y otras conductas alimentarias poco o nada saludables que pueden persistir en la edad adulta.

Obligar a un niño a terminar la comida del plato.
Tal y como dice la guía Acompañar las comidas de los niños de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, muchos estudios señalan que los adultos inducen a menudo a los niños a comer más de lo que marcan las “señales de autorregulación innatas”, es decir, más de lo que indica su mecanismo de hambre-saciedad. Lo más aconsejable es permitir que el niño coma siguiendo su sensación de hambre y saciedad, evitando así, tener que insistir o forzar para que se termine el plato. Este es uno de los principales consejos que se tienen en consideración en las estrategias de prevención del sobrepeso y la obesidad desde la primera infancia.

No respetar unos horarios.
Es recomendable prever un intervalo de tiempo suficientemente amplio entre la comida de media mañana y la comida (como mínimo un par de horas).

Picar entre horas.
Los únicos alimentos adecuados para comer entre horas son las frutas.
Por lo tanto, entre una comida y otro se puede comer cualquier fruta, pero debemos evitar las golosinas, bollería, snacks, etc.

Repetir del segundo plato.
Si un niño quiere repetir porque se ha quedado con hambre es recomendable limitar a una determinada cantidad el segundo plato, especialmente en el caso de las carnes.

Y, ¿cómo lo podemos hacer?

Conversando mientras comemos.Podemos explicar anécdotas divertidas vividas a lo largo del día, comentar alguna noticia de la actualidad, explicar alguna situación vivida en el trabajo, hablar de cómo se encuentra la abuela de su diabetes, etc. Sobre todo, no convertir el rato de la comida en un interrogatorio sobre qué han hecho en la escuela, a no ser que detectemos que tienen ganas de hablar sobre el tema. Normalmente, los niños se animan a hablar sobre ellos mismos si los adultos también lo hacen.

Cocinando juntos.Desde muy pequeños, los niños tienen que vernos cocinar, criarse entre fogones es una buena garantía para lograr una buena educación alimentaria. No se trata sólo de hacer un pastel de vez en cuando. Un niño de sólo 5 años puede encargarse con ayuda, de preparar la ensalada, y uno de 10 puede ser el encargado de hacer las tortillas a la francesa. De vez en cuando, podemos invitar a unos amigos a comer y preparar el almuerzo entre toda la familia. No sólo cocinar, también pensar el menú, ir a comprar los ingredientes adecuados en función del menú elegido, poner la mesa de una manera especial, etc. 

– Incluyendo la comida en el juego.Jugar a cocinar o comprar alimentos son juegos que van en la línea de la educación alimentaria. Pero, aquel día que vienen unos amiguitos a casa y que hacen una cabaña preciosa con sábanas en la habitación o en el patio, los podemos dejar que coman dentro de la cabaña con condiciones (alimentos que no manchen mucho, con mucho cuidado, lo tendrán recoger todo, etc.).

Éstas son algunas sugerencias que le pueden ayudar en la educación alimentaria de sus hijos e hijas. Pero, por encima de todo, recuerde que nuestros hijos e hijas son nuestros mejores imitadores. En el comedor escolar, notamos muchísimo el buen trabajo que hacéis muchos de vosotros y nos encontramos con niños muy pequeños que saben coger bien el cuchillo o limpiarse correctamente la boca, que aceptan con pocas dificultades la introducción de nuevos alimentos, que saben sentarse adecuadamente durante la hora de comer sin levantarse en ningún momento y que disfrutan de la comida. Desgraciadamente, nos encontramos también con algunos niños que muestran muchas dificultades en todos estos aspectos pero, en F. ROCA, creemos que es nuestra responsabilidad enseñar a los niños unos buenos hábitos alimentarios y en esta línea trabajamos.